Guaricano en Paz: cinco meses construyendo comunidad desde dentro

Un proyecto que crece con cada familia, cada aula y cada conversación

Hace apenas unos meses compartíamos con vosotros el arranque de «Guaricano en Paz: Tejiendo vínculos seguros», el proyecto que Fundación Más Vida desarrolla junto a nuestro socio local ADAF en el sector de Los Guarícanos, Santo Domingo Norte. Hoy, a cinco meses del inicio, queremos contaros cómo ha ido creciendo esa semilla que plantamos juntos.

Este proyecto, financiado por el Ayuntamiento de Zaragoza en el marco de su convocatoria de Cooperación al Desarrollo, trabaja para prevenir la violencia intrafamiliar a través de la educación, la sensibilización y el tejido comunitario. Y los últimos meses han sido intensos, en el mejor sentido.

En las aulas: docentes formados para detectar y acompañar

Una de las primeras grandes apuestas del proyecto fue la capacitación a docentes. A lo largo de los meses de arranque, 25 profesoras y profesores de cinco centros educativos de Guarícanos han participado en cinco talleres sobre gestión emocional, comunicación asertiva, relaciones saludables y detección de situaciones de violencia.

No es un dato menor. Quien pasa horas al día con niñas y niños tiene una posición privilegiada para detectar lo que ocurre en casa —y ahora tiene también herramientas para acompañar con mayor seguridad. Esos docentes no son solo educadores: se han convertido en agentes de protección dentro de sus propias aulas.

Cada semana, en el Centro Educativo ADAF: educación emocional desde la infancia

Desde el segundo mes, el equipo de ADAF visita semanalmente el Centro Educativo para llevar a unos 200 niños y niñas sesiones de dos horas de educación emocional. Cuentacuentos, juegos cooperativos, dramatizaciones: un espacio donde aprender a reconocer emociones, resolver conflictos sin violencia y valorarse a uno mismo.

Esta actividad lleva ya varios meses en marcha y cada semana se renueva. Porque construir una cultura de paz no se hace en un taller; se hace en la repetición, en el vínculo, en la confianza que se va tejiendo sesión a sesión.

En la sala de espera del centro de salud: 20 minutos que transforman

Mientras alguien espera su turno médico, el tiempo muchas veces se va en el móvil o en la preocupación. El proyecto ha convertido esos minutos en algo valioso: minicharlas de 20 minutos sobre señales de alerta de violencia, autocuidado emocional y recursos disponibles.

Llevamos ya más de una decena de estas charlas realizadas, y la respuesta de la comunidad es muy positiva. No hay que convencer a nadie de que vaya a una charla sobre violencia: simplemente están ahí, esperando. Y cuando alguien les habla con respeto, sin juicios, de cosas que muchas veces no se nombran, escuchan.

La red de mediadores comunitarios: la comunidad como primera respuesta

Desde el mes tres, diez personas de la propia comunidad están siendo formadas como mediadoras comunitarias. Son vecinas y vecinos con arraigo en Guarícanos que aprenden a facilitar conversaciones difíciles, a acompañar conflictos antes de que escalen, a ser puente.

Esta red es uno de los pilares más poderosos del proyecto porque opera desde adentro: la persona que media conoce el contexto, habla el mismo idioma, entiende las presiones. Cuando la primera respuesta a un conflicto viene de la propia comunidad, el cambio tiene más posibilidades de ser duradero.

Arranca la etapa con jóvenes y familias

En estas últimas semanas hemos dado un paso importante: comienzan los talleres con adolescentes de 12 a 17 años y los primeros grupos de padres y madres. Cincuenta jóvenes y setenta familias se incorporan al proyecto con una pregunta sencilla pero transformadora: ¿cómo podemos relacionarnos mejor?

Con los y las jóvenes, el trabajo girará en torno a la autoestima, la presión de grupo y las relaciones sanas. Con las familias, a la crianza positiva y la comunicación no violenta. Porque la violencia no se hereda inevitablemente: se aprende, y por tanto también se puede desaprender.

Una comunidad que avanza

Cinco meses después del inicio, «Guaricano en Paz» ya no es solo un proyecto: es una presencia en el barrio. En las escuelas, en el centro de salud, en las reuniones vecinales. El equipo de ADAF, mayoritariamente mujeres de la propia comunidad, está haciendo un trabajo extraordinario —con rigor, con cariño y con la convicción de que esto importa.

Queda camino por recorrer. Pero las bases están. Y eso es ya mucho.

Este proyecto está financiado por el Ayuntamiento de Zaragoza y se ejecuta en alianza con ADAF (Asociación de Ayuda a las Familias) en el sector Los Guarícanos, Santo Domingo Norte, República Dominicana.