Soberanía alimentaria en el IES Miguel Catalán: cerramos el curso con más preguntas que respuestas (y eso es bueno)
La semana pasada terminaron los últimos talleres del curso en el IES Miguel Catalán de Zaragoza. No es un cierre definitivo —en septiembre retomamos con fuerza—, pero sí es un buen momento para mirar atrás y ver lo que ha pasado en estos meses dentro de las aulas del barrio de La Romareda.
El proyecto se llama «Soberanía alimentaria para el futuro: conciencia crítica y acción desde las aulas» y lo impulsa Fundación Más Vida junto a Biela y Tierra, con el apoyo de la Diputación General de Aragón. Su objetivo es simple de enunciar y complejo de conseguir: que el alumnado de secundaria aprenda a mirar el mundo —y su plato— con ojos críticos.
Un trimestre de talleres, preguntas y diagnósticos
Durante los meses de abril, mayo y junio, los grupos de 1º a 4º de ESO han participado en varias sesiones diseñadas para conectar lo cotidiano con lo global. Dos talleres de Biela y Tierra han sido el eje de este tramo del proyecto.
El primero, «El plato en tu mesa», parte de una pregunta aparentemente sencilla: ¿de dónde viene lo que comemos? A través de dinámicas participativas, el alumnado ha rastreado el recorrido de los alimentos —desde quién los produce, bajo qué condiciones y en qué parte del mundo, hasta cómo llegan a la nevera de casa. Es un ejercicio que suena educativo pero que acaba siendo revelador: muchos de los productos que consumimos a diario tienen detrás cadenas de suministro que afectan directamente a las condiciones de vida de comunidades campesinas en países como Nicaragua o República Dominicana, donde Fundación Más Vida lleva más de dos décadas trabajando.
El segundo taller, «La huella ecológica», ha puesto el foco en el impacto ambiental del consumo alimentario. ¿Cuántos recursos necesita realmente la dieta media de un adolescente aragonés? ¿Qué cambiaría si apostáramos más por la producción local y de temporada? Estas preguntas no tienen respuestas únicas, y eso es precisamente lo que hace interesantes las sesiones.
En paralelo, se han desarrollado dinámicas de diagnóstico participativo, en las que el propio alumnado ha analizado los hábitos alimentarios del centro y ha propuesto medidas para hacer el instituto un poco más sostenible. También se ha dado espacio a la formación de familias y profesorado, porque cambiar la mirada de un joven es más fácil si hay adultos en casa y en el claustro que están en la misma conversación.
La campaña «Alimentación consciente»

Esta campaña es también un primer ensayo de algo que el proyecto busca consolidar: que el alumnado no solo aprenda contenidos, sino que se sienta capaz de actuar, de trasladar lo que sabe a su entorno más cercano.
Lo que viene en septiembre
Con la vuelta al cole, el proyecto entra en su tercer y último tramo. Será el momento de mayor intensidad creativa y comunitaria.
La compañía El Mar del Norte llegará al instituto para desarrollar un laboratorio escénico de teatro foro con la obra «Y si mueren los tritones». El teatro foro no es un espectáculo convencional: el público puede intervenir en la obra, proponer cambios, debatir. Es una metodología que pone la reflexión crítica en el cuerpo, no solo en la cabeza, y que conecta de forma especialmente potente con el alumnado de secundaria.
También habrá una jornada final de evaluación y proyección intercentros, abierta a familias, profesorado y comunidad educativa, donde el alumnado presentará lo construido a lo largo del año. Será el momento de devolución, de cerrar el círculo y de empezar a pensar en qué puede continuar más allá del proyecto.
Aragón apuesta por la educación transformadora
Todo esto es posible gracias al apoyo de la Diputación General de Aragón, que a través de su línea de subvenciones en Educación para el Desarrollo apuesta por proyectos que forman a jóvenes como ciudadanas y ciudadanos globales, capaces de entender las causas de la desigualdad y de actuar con coherencia en su vida cotidiana.
El IES Miguel Catalán no es un caso aislado. Este tipo de trabajo necesita centros comprometidos, equipos docentes que abran la puerta y alumnado que se deje interpelar. Y eso, por suerte, es lo que encontramos semana a semana en La Romareda.
Hasta septiembre.
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